Cómo ser biólogo y no morir en el intento: entrevista-reportaje al colegiado Javier Guallart

Soy Javier Guallart. Nacido en Valencia en 1964. Licenciado en Ciencias Biológicas (como zoólogo) por la Universitat de València en 1988 y doctorado en la misma en 1998. A finales de ese último año, me podría haber definido como biólogo marino especialista en tiburones de profundidad.

Como algo personal, diré que hasta 3 meses antes de iniciar los estudios universitarios yo pensaba dedicarme a la electrónica. Y cuando, tras un cambio de rumbo repentino entré en la facultad, mi pasión eran los insectos de agua dulce (y sobre todo fotografiarlos, ahí sale la vena paterna). En la universidad pasé por aprendizajes (no formales, casi los mejores) en ornitología, botánica y unas cuantas cosas más. Y acabé en biología marina por razones muy largas de explicar aquí. Reconozco que en parte el tema no era tanto lo importante para mí sino una pulsión antigua, que se puede resumir como: “trabajar para solucionar problemas”. Alguien me dio una oportunidad y las circunstancias fueron marcando muchos de mis pasos. Tras mi tesis de doctorado y algo más de 20 años de experiencia profesional, fundamentalmente como profesional autónomo, ahora mismo mis temáticas profesionales son la investigación, la docencia y la divulgación científica. También puedo decir que mis temas principales de estudio científico son algunos tiburones de profundidad mediterráneos (ahí están esos Centrophorus) y un molusco marino estrictamente protegido como es la lapa ferruginosa (Patella ferruginea). Alguien puede plantearse, ¿ictiólogo o malacólogo?

Bueno, aparte de lo ya dicho antes, en lo posible procuro ser un “solucionador de problemas” y me presento últimamente como un “investigador independiente”. Antes usaba el término “consultor ambiental”, que parece más habitual. Pero no, en realidad, desde la finalización de mi doctorado he realizado en estas dos décadas trabajos mediante contratos que podrían considerarse una “consultoría”, pero que creo no tienen nada que desmerecer en rigor y profundidad (y a lo publicado me remito) a estudios científicos de centros de investigación reputados. Sí, un “investigador independiente” es una figura inusual en España; aunque no en otros países. He trabajado para más de un Ministerio, para el CSIC, para empresas públicas, para varias Universidades, Cofradías de Pescadores y algunas ONGs. Y con todo el respeto y cariño a los investigadores institucionales, considero que no competimos (de hecho, colaboro y publico con muchos de ellos, en varios temas, constituyendo a menudo pequeños equipos más o menos informales) y que hace falta que se diversifique esto de la investigación (pública, privada, independiente, mixta…) en nuestro país. Pero que se investigue, por favor.

Además yo diría que en estas dos décadas me he volcado más en la “versatilidad” que en la “hiperespecialización. He trabajado en temas bastante variopintos. Como decía, entre ellos destaco la lapa ferruginosa, Patella ferruginea, un molusco mediterráneo catalogado como “en peligro de extinción”, un casi desconocido “lince invertebrado, discreto pero tozudo”, Esto fue posible por circunstancias que me han permitido estar trabajando periódicamente durante más de 15 años en la islas Chafarinas, un paraíso y laboratorio natural para esta especie y un enclave donde se aprende de todo, entre otras cosas a ser logista e isleño. Pero también he realizado muchas tareas en barcos pesqueros, en los que he aprendido de cosas correosas y también de algunos de los mejores aspectos del mar por la gente que lo vive a diario. También he sido profesor de universidad casi 10 años, topógrafo, divulgador científico en institutos, formador de profesores de secundaria,… y alguna cosilla más. Los dos últimos años he tenido el privilegio de trabajar varios meses en un proyecto “Life” en Italia sobre Patella ferruginea, con un equipo estupendo y hasta atreverme a dar alguna conferencia en la Universidad de Génova en un curioso “itagnolo”; pero parece que gustó.

¿Y para que servimos los biólogos?

Cuando se habla de la importancia social de los biólogos es común que los periodistas se centren en el “sector sanitario”. Yo me rebelo contra esto. De modo clásico se habla de que hay biólogos “de bata” (de laboratorio) y “de bota” (de campo). Yo, con mi vena pesquera-marina debería ser de bota (sobre todo de agua, en pesqueros) o de escarpines de neopreno (cuando te tiras al mar; o cuando saltas entre las rocas litorales estudiando lapas); pero gran parte de los descubrimientos de los que me siento más orgulloso los he hecho, tras mucho trabajo en el campo, conjugándolos con tareas de laboratorio. “Bota” y “bata”. También, hablando con “mis” estudiantes les he insistido en que al entrar yo pensaba que ésta era una “carrera” de ciencias, pero que al final descubrí que para ser profesional debía ser un 50-50 ciencias-letras. Por ejemplo, contar peces o aves no es fácil, hay que estar ahí, conocer la metodología y saber identificarlos. Pero que en realidad, si a mí me han llegado a pagar bastante bien era por “saber el porqué” de esa metodología, el cuándo cambiarla si algo no cuadraba y, sobre todo, al final, ser capaz de sintetizar y escribir no solo resultados en gráficas espectaculares sino presentar “Conclusiones y recomendaciones” claras, numeradas y estar dispuesto a defenderlas. Observar, actuar, registrar, analizar… pero leer y escribir. La biología es un campo muy amplio. Yo poseo bastantes conocimientos de algunos pocos temas. Y si hablamos de lo que puede ser mi especialidad, zoología básica de algunas especies concretas de interés…. no tengo ningún reparo en considerarme tan cualificado y relevante como un neurocirujano, un astrofísico o… [x] (aquí que en la [x] cada cual elija su científico favorito).

Modestamente, me siento bastante orgulloso de algunas de mis aportaciones a la ciencia. Por ejemplo, uno de ellas, permitió avanzar mucho en la comprensión del modo de reproducción de la lapa Patella ferruginea. Y esto se logró no con tecnologías muy sofisticadas… sino mediante tareas básicas que, eso sí, requirieron bastante imaginación, empeño, paciencia, algo de técnica, logística, ingenio…. Alguien puede decir que no es importante conocer el ciclo vital de un molusco marino gravemente amenazado: tras bastantes años de seguimiento se concluyó que madura a tal talla y a tal edad, que puede cambiar de sexo y que lo hace no solo en un sentido (macho a hembra, algo previsible en algunos gasterópodos marinos) sino también al revés (de hembra a macho): ¡casi sorprendente! Bueno, esta sería una opinión. Las comparaciones siempre son peligrosas… pero tal vez si habláramos de comprender la biología de unos murciélagos o unos pangolines podríamos considerar que esto es importante… aunque egoístamente sea solo para entender qué hacer cuando tal vez se descubra que pueden ser vectores de algunos virus que nos afectan. A toro pasado todo el mundo busca un especialista que explique las cosas. Pero los especialistas tardan muchos años en formarse y crear una línea de trabajo fuerte.

Y aquí ya no me resisto a indicar mi opinión de que la “ciencia básica” es fundamental. Cuando se habla de recortes de ciencia, recordemos aparte de otras cosas (muy importantes) la “ciencia básica” para conocer el entorno. Y el entorno no es solo dónde nos movemos cotidianamente, sino el conjunto del medio natural. Y necesitamos “ciencia”. No solo de tiburones o de lapas. Astrofísica, botánica, arqueología, antropología, historiografía,… y mil cosas más que algún colega (incluso algún vecino) me reprochará.

Mi modesta aportación a todo esto es la que es. Formo parte del “Shark Specialist Group” de la IUCN. También soy miembro del Grupo de Trabajo de Patella ferruginea, que elaboró la primera Estrategia para la conservación en España de una especie marina (y aún seguimos en ello, puedo afirmar que aquí la conservación requiere no estar dispuesto a ceder ni un ápice). También animado por algunos estudiantes apasionados por los elasmobranquios constituí un grupo de trabajo, L’Elasmogrup, que no es una asociación sino un colectivo en que juntar iniciativas de mucha gente en el estudio y la conservación de tiburones y especies afines de nuestras costas.
Creo que trabajar en grupos, como el que puede representar el Colegio Oficial de Biólogos, presenta grandes ventajas, aunque sin duda no siempre sea fácil. Aun así creo que se podrían mejorar algunas cosas, como la creación de más comisiones de trabajo específicas (y que la gente los vea como una sinergia y no como una competencia entre profesionales) o aumentar el alcance de su actividad (p.ej. creo que el Colegio podría tener más presencia entre los estudiantes aún no graduados, no sólo a nivel informativo sino aportándoles herramientas que verdaderamente los prepare para su futura actividad profesional, cosa que a menudo a las universidades casi se les olvida). Aun así creo que estas mejoras deben proceder tanto de los equipos directivos del Colegio como de la participación más activa de los propios colegiados.

¿Qué he hecho durante la cuarentena?

Entre tantas cosas, mi pequeña “contribución pública” al confinamiento fue la de organizar una serie de charlas-reuniones online bajo el título “Más tibus y menos virus”. Que nadie las busque en internet pues no las encontrará: eran reuniones de gente, que hubieran perdido frescura si se hubieran grabado y difundido como material didáctico. A lo largo de 11 “sesiones en vivo y en directo”, nos juntamos gente que al final incluyeron 8 países y en España 11 Comunidades Autónomas, para hablar de tiburones mediterráneos. Creo que logramos crear un gran ambiente entre la gente y en esos ratos conseguimos olvidarnos del confinamiento.. El encierro también ha servido para acabar publicaciones pendientes y preparar algunos proyectos y planes para un cercano-medio-largo plazo. Ya veremos. Es lo que tiene ser biólogo, intentar solucionar problemas “y no morir en el intento”.

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