La UV destina 40 millones para ampliar la Facultad de Ciencias Biológicas en el campus de Burjassot
La lista de espera para acceder al Grado de Biología en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad de Valencia era de 1.867 aspirantes sin plaza a principios del curso 2025/2026. En el Grado de Biotecnología se elevaba a 1.996. Pero en el de Bioquímica llegaba a 2.184 el número de aspirantes sin plaza. Sólo descendía a 639 en el Grado de Ciencias Ambientales. Los datos se repiten desde hace años y la Universidad de Valencia ha asumido la necesidad de ampliar las instalaciones de la Facultad de Ciencias Biológicas en el Campus de Burjassot.
Ismael Mingarro, decano de Ciencias Biológicas, celebra que se haya previsto una inversión de 40 millones de euros para levantar un nuevo edificio de 17.000 metros cuadrados en seis plantas que permitirá ordenar las instalaciones que dependen de la facultad y cubrir sus necesidades actuales. Eso sí, el edificio se inaugurará en 2029 si todo va como está planeado.
Mingarro celebra la apuesta de la Universidad de Valencia y muestra el almacén y el edificio provisional que alberga algunas instalaciones de la actual facultad y que serán sustituidos por “uno de los edificios de mayor complejidad en todo el campus”. “A finales de los años setenta, cuando se inauguró el campus de Burjassot, se levantaron aquí seis edificios: dos para Físicas, dos para Químicas y, por primera vez como entidad independiente, dos para Ciencias Biológicas”, explica Mingarro, “a día de hoy, la facultad de Biológicas tiene el doble de alumnos que la de Físicas o la de Químicas”.
El decano recuerda que luego se construyó el edificio de Matemáticas, cómo las distintas facultades se repartieron otro edificio de nueva construcción financiado con fondos europeos para ser destinado a investigación, cómo el Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Valencia se instaló en la cafetería que compartían todas las facultades cuando se pudo levantar una nueva, cómo desplazó su despacho a otro edificio compartido para instalar otro laboratorio, etcétera, etcétera. “No cabemos y es un trastorno para los alumnos tener que ir de un edificio a otro”, explica Mingarro.
El proyecto es ambicioso y revela el creciente interés de las Ciencias Biológicas entre los estudiantes, pero la previsión es que permita cubrir las necesidades actuales, poco más. El decano desliza que tal vez sería interesante recurrir a la figura del patrocinio privado para atender necesidades futuras. “En Estados Unidos es muy frecuente que grandes centros de investigación tengan nombre particular, un gran industrial decide fomentar la investigación bioquímica y dona unos laboratorios a cambio de que se llamen igual que él”, apunta Mingarro, “aquí todavía arrastramos una cultura de lo estrictamente público que tal vez no sea muy acorde con los tiempos que corren”. De momento, el decano no oculta su entusiasmo por la inversión pública reservada para mejorar la experiencia de los futuros biólogos.