Muere Antonio Vizcaíno Matarredona, histórico director del Servicio Devesa-Albufera

El biólogo Antonio Vizcaíno Matarredona, que durante muchos años fue director del Servicio Devesa-Albufera del Ayuntamiento de València y una de las figuras claves vinculadas a la recuperación de La Devesa, ha fallecido hoy. Quienes lo conocieron destacan su conocimiento directo del territorio y su capacidad para gestionar un espacio complejo, sometido a presiones muy diversas y con múltiples actores implicados.

El artículo que reproducimos a continuación es el resultado de una entrevista que mantuvimos con él el 20 de septiembre de 2016 con motivo de la publicación de un libro dedicado a los 30 años de la declaración del parque natural de L’Albufera: Trenta anys, trenta mirades. Parc Natural de l’Albufera, 1986-2016 (Edicions 96 / Fundació Assut). En ella, Vizcaíno repasaba los inicios de la protección de La Devesa y L’Albufera, los conflictos de aquellos primeros años y algunos de los retos ambientales que, todavía hoy, siguen marcando el futuro de este espacio.

Antonio Vizcaíno, el guardián de La Devesa

Los comienzos fueron duros. Algunos, a quienes debieron de molestar las primeras medidas adoptadas por el equipo del Servicio Devesa-Albufera, como la del cierre al tráfico del vial interior de La Devesa, provocaron un incendio en la pinada, quemaron el embarcadero municipal de la Mata del Fang y hasta atacaron la sede de la oficina, donde ardió la biblioteca. Dejaban pintadas amenazadoras: «El mejor biólogo es un biólogo muerto» y cosas por el estilo. Le pincharon las ruedas del coche en más de una ocasión. De aquella, mucha gente debía de figurarse a los biólogos con rabo, cuernos y tridente.

Y Antonio Vizcaíno es biólogo, especializado en botánica. Salvo un intervalo de tres años, en que fue relegado del cargo, es desde 1995 jefe del Servicio Devesa-Albufera del Ayuntamiento de Valencia. No obstante, ha trabajado en esta oficina desde su creación en 1981, al principio como monitor, guiando itinerarios para escolares, luego como técnico medio y después como biólogo, por oposición. Su relación con L’Albufera se inició un poco antes, cuando Guillermo de Felipe, con quien trabajaba realizando proyectos de ordenación del territorio, le propuso desarrollar el capítulo sobre flora y vegetación correspondiente a los Estudios previos para la ordenación del monte de la Dehesa del Saler.

Pese a aquel paréntesis, varios de los entrevistados en este libro coinciden en valorar la habilidad de Vizcaíno para lidiar con los responsables políticos de este servicio municipal. Desde luego, parece un hombre tranquilo. Habla con pausa y no ha perdido el acento de su Villena natal. Se quita importancia: «He de decir que todos los políticos con los que he trabajado, con mayor o menor pelea y aportación de dinero, todos, tenían muy claro que había que proteger este espacio. Las reivindicaciones y los logros de los años setenta habían calado y nadie los ha discutido nunca». Varios de los protagonistas de este libro coinciden también en destacar el buen trabajo que ha hecho la oficina por la recuperación y la conservación del ecosistema y el paisaje de La Devesa. Buena parte del mérito es suyo.

La Devesa de l’Albufera es la barra arenosa litoral que media entre la laguna y el mar, un paraíso natural que estuvo a punto de sucumbir bajo el ladrillo del desarrollismo. Es también el lugar donde todas las mañanas, desde la orilla de la playa, Vizcaíno fotografía la salida del sol. No pierde el asombro por este paisaje. Madruga por afición y por estar un poco pendiente de este pedazo de tierra, y de mar, que siente como propio, algo que el trabajo de despacho le impide a menudo.

Le preguntamos por La Devesa y por L’Albufera, solo por la laguna, los dos espacios de titularidad municipal cuya gestión corresponde a la oficina. Nos cuenta que han centrado sus esfuerzos en la primera, porque en la laguna y en las matas poco se puede hacer —salvo trabajos de mantenimiento y conservación— mientras el agua que llegue no sea de buena calidad. Y aquí, ya que hablamos de las matas, hacemos un inciso sobre su gestión: Pese a que hay quien aboga por hacer quemas controladas en el carrizal para que la vegetación rebrote y arraigue con más brío, Vizcaíno ha constatado que esta práctica —perfectamente aceptable en otra época, cuando había un aprovechamiento económico del carrizo y la enea— perjudica a las especies de flora que no toleran el aumento de la salinidad del suelo que provoca el fuego. «En todo caso —dice—, es un asunto cuyas implicaciones en el ecosistema merecerían un estudio más detallado y a largo plazo».

Nos habla de las grandes actuaciones de regeneración en el frente litoral: «Los proyectos Life son los hitos, los que han dado prestigio internacional al servicio. Era la primera vez que se acometía una restauración dunar en Europa auspiciada por un organismo oficial y de forma modélica. Hasta entonces, en algunas zonas del Atlántico y el Mediterráneo, podría haber habido experiencias de reposición de arena y revegetación con ammophilas, pero nosotros contemplamos desde el principio la recuperación de toda la biocenosis propia del ecosistema: la vegetación de barlovento, de sotavento y de la cresta de las dunas».

Al referirse al conjunto del parque natural, destaca la lenta mejoría en la calidad del agua y manifiesta alguna inquietud. Le inquieta por ejemplo la presencia creciente de visitantes en La Devesa y en la laguna de L’Albufera, y, puesto que son zonas de muy fácil acceso, especialmente sensibles a la presión humana, reconoce la dificultad de gestionar su uso público y concretar normativas. Le preocupa también la regresión del litoral y el avance del mar, y piensa que hay que estar preparados para lo que pueda pasar: «Antes que oponernos a los cambios o negarlos, haríamos mejor en verlos venir y prepararnos para adaptarnos a ellos».

Y dice que sigue habiendo unas diferencias muy notables entre los usuarios y los gestores del parque, que esto ocurre por ejemplo en el caso del tratamiento de la paja del arroz, un problema para el que la Administración no ha conseguido tomar medidas que satisfagan a todas las partes implicadas: «A diferencia de otros lugares, aquí aún no existe un consenso social sólido a favor del parque, del interés general, de la mejora de la calidad de vida. Sin embargo, estoy convencido de que lo habrá en un futuro. Dejaremos de ir cada cual a la nuestra y entenderemos que no se trata de que unos ganemos y otros perdamos, sino de que todos ganemos, de que gane siempre el parque natural».