El agua de la Albufera registra un pico tóxico de amonio desde finales de 2025

Mientras la atención mediática se centraba en la anoxia y las aguas negras durante la perellonà de 2025, los análisis revelan un pico oculto de amonio. Ahora, en 2026, la laguna de L’Albufera se enfrenta a una concentración de nitratos tres veces superior a la habitual.

A finales de 2025, L’Albufera ocupó los titulares debido al fenómeno de las «aguas negras». La prensa y la preocupación social se centraron en la evidente falta de oxígeno (anoxia) y la mortalidad piscícola derivada de la descomposición de la paja del arroz tras las lluvias torrenciales. Sin embargo, lo que no se contó entonces es que esta anoxia vino acompañada de un enemigo químico invisible: el amonio. Según datos recientes, en algunos puntos del lago, especialmente en su sector norte, se han registrado concentraciones de hasta 0,9 mg/L, asociadas a una fuerte disminución del oxígeno disuelto.

El seguimiento, iniciado a mediados de octubre, reveló que, mientras el centro del lago mantiene valores de oxígeno considerados saludables, la zona de entrada del Barranco de Massanassa (Rambla del Poyo) presentaba una situación muy diferente. En esta área se ha detectado una estratificación crítica del oxígeno, con condiciones de hipoxia a apenas 60 centímetros de profundidad, coincidiendo con concentraciones elevadas de amonio.

Este compuesto nitrogenado, aunque puede actuar como nutriente en pequeñas cantidades, se convierte en un serio problema cuando se acumula en el agua. En lagunas someras como L’Albufera, el riesgo se agrava debido a las altas temperaturas y al pH elevado, que favorecen la transformación del amonio en amoníaco, una forma altamente tóxica para peces e invertebrados. Concentraciones superiores a 0,5 mg/L ya se consideran potencialmente peligrosas para la fauna piscícola.

El equipo investigador ha trasladado estos datos a la Oficina de Gestión Técnica del parque natural, sin haber recibido hasta el momento una respuesta oficial. Se desconoce si la situación está siendo ya objeto de seguimiento y gestión por parte de la administración o si, por el contrario, no se han activado aún medidas específicas ante este periodo de deterioro de la calidad del agua.

Los datos recogidos desde noviembre de 2023 muestran además una tendencia al alza en las concentraciones de amonio, alcanzándose en noviembre y diciembre de 2025 los valores más elevados de toda la serie. Sin una mejora en la gestión de las cargas orgánicas y de los aportes de nutrientes, estos episodios podrían repetirse con mayor frecuencia, comprometiendo la recuperación ecológica del humedal.

El cambio de ciclo: del amonio al récord de nitratos

Con la llegada de 2026, la química del lago ha dado un vuelco drástico. El amonio ha descendido, pero ha dado paso a los niveles de nitratos más altos registrados en los últimos cuatro años. En la estación del Embarcador del Pujol, los últimos 18 muestreos marcan un récord histórico reciente, alcanzando casi 12 mg/L, una cifra que triplica los máximos de 4 mg/L observados en 2022. Aunque es habitual que los nitratos suban en invierno —cuando el fitoplancton consume menos y se desaguan los campos—, la magnitud actual es anómala. Este exceso se atribuye a dos factores: la oxidación del amonio acumulado en otoño (que se transforma en nitrato al recuperarse el oxígeno) y el «lavado» masivo de la cuenca tras la DANA, que ha arrastrado al lago el fertilizante acumulado en los suelos circundantes durante los años previos.

La anomalía del fósforo: picos de fertilización

A diferencia del nitrógeno, el fósforo total no muestra una tendencia clara de aumento o descenso entre 2022 y 2026, manteniéndose en una oscilación constante con valores base entre 0,15 y 0,4 mg P/L. Esta estabilidad relativa se rompe puntualmente por la gestión agrícola. Destaca el episodio de mayo de 2025, cuando se registraron máximos de 0,8 – 1,2 mg/L, coincidiendo con la época de abonado de los arrozales. Estudios previos confirman que los picos de fósforo en mayo suelen estar sincronizados con la fertilización antes de la siembra, momento en el que cualquier escorrentía arrastra el nutriente directamente a la laguna.

Un cóctel químico peligroso

La situación actual plantea riesgos serios para el ecosistema. Mientras que el amonio detectado en otoño es un tóxico directo que puede causar mortalidad en peces y bloquea la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, el exceso actual de nitratos actúa como un fertilizante descontrolado. Si no se gestiona adecuadamente, esta carga de nitratos alimentará explosiones masivas de algas y cianobacterias en cuanto suban las temperaturas, perpetuando el estado de aguas turbias y dificultando la recuperación de la biodiversidad en el humedal.

Sobre los autores: Juan Víctor Moliner es investigador de la Universitat de València (UV), del equipo dirigido por el profesor de Ecología Juan Miguel Soria. Noelia Campillo Tamarit es investigadora becaria FPU del mismo equipo.