Bacterias entrenadas limpian los frescos de los Santos Juanes
El próximo 28 de noviembre se inaugura la rehabilitación de la iglesia de los Santos Juanes y ha sido decisiva para la limpieza de los frescos de Palomino que ocupan la bóveda la ayuda de bacterias, bacterias entrenadas para desarrollar en tres horas un trabajo que a un restaurador le habría llevado horas de bisturí. Bacterias entrenadas en apenas 24 horas para obtener el carbono que necesitan del producto que queremos degradar, en el caso de la iglesia de los Santos Juanes, bacterias entrenadas para destruir cola de conejo aplicada hace más de sesenta años, solidificada, insoluble e impenetrable sin ayuda de microorganismos.
El origen de la biolimpieza es la bioremediación de aguas, el combate a los vertidos de petróleo con micoorganismos capaces de degradar el chapapote. Pilar Bosch, licenciada en Ciencias Biológicas y en Bellas Artes, pertenece a toda una saga de restauradores y abordó con éxito los problemas a los que se enfrentaron los profesionales que intentaban restaurar los frescos de la bóveda de la iglesia de los Santos Juanes.
Pilar Bosch ocupa un despacho en la Ciudad Politécnica de a Innovación, donde rodeada de matraces y de placas de cultivo de bacterias, explica: “Los frescos de los Santos Juanes fueron arrancados en los años sesenta porque habían sufrido un incendio durante la Guerra Civil. En aquel momento estaba de moda arrancar. Era una forma de intervenir en esa época. Para arrancar ponían una tela y una capa de cola de conejo, un material que se adhiere al tejido y al arrancar te llevas la capa pictórica y en la pared solo queda el muro. Era un equipo de Barcelona. Se lo llevaron a Barcelona y se intervino allí. Colocaron las pinturas sobre unos paneles y la volvieron a traer aquí. En el trayecto de ida y vuelta se perdió mucha información y los medios entonces no eran los mejores.
Cuando nos llegó a nosotros la propuesta de intervención, las pinturas estaban llenas de restos de cola y también hollín, fruto del incendio. Si retiras la cola inmediatamente después de hacer el arranque es muy sencillo, es soluble y se deshace con agua caliente. Pero cuando han pasado un montón de años, se han producido varias intervenciones y ha habido un montón de procesos físico químicos, la cola se endurece y se vuelve insoluble. No había manera de retirarla con medios físicos y mecánicos normales porque había que rascar y era un proceso muy complejo.
Yo estaba haciendo el estudio del biodeterioro de la iglesia y me comentaron el asunto. Coincidió que fui a Barcelona a un congreso donde Giancarlo Ranalli, un investigador y biólogo italiano muy importante, presentó su trabajo con bacterias en las pinturas arrancadas del Camposanto Monumentale de Pisa, que sufrieron un incendio en la Segunda Guerra Mundial.
Esto es lo que me pasa a mí, me dije. Fui a hablar con él. Luego me fui a Pisa, aprendí la técnica y luego la adapté y mejoré para aplicarla aquí, en Valencia. Tuve que cambiar el sistema de aplicación porque trabajamos in situ. Fuimos perfeccionando el sistema y ahora la utilizamos como una técnica más de restauración”.
¿Cómo arranca la biolimpieza?
“Buscamos microorganismos en la naturaleza que produzcan reacciones metabólicas que nos puedan favorecer a nosotros para limpiar determinadas sustancias. Por ejemplo: Hay organismos que comen cola, otros comen inflorescencias otros comen papel. No comen, ellos producen las enzimas que los van deteriorando, excretan las enzimas que rompen las cadenas que componen esa cola, la van cortando en trocitos y luego es muy fácil quitarla. Para aplicar la biolimpieza usamos unas algas marinas que se utilizan en cocina para hacer gelatinas o mermeladas y este producto nos permite aplicar las bacterias y darles la humedad que necesitan para que se mantengan vivas sin que la humedad penetre las capas profundas de la pintura y afecten a la madera”.
Son bacterias entrenadas.
“Las bacterias aprenden a comer cola. Las pongo a crecer en un matraz con un medio mineral básico y cola. De modo que tienen los minerales que necesitan para crecer y la fuente de carbón la que tienen que sacar de la cola. También hemos limpiado en la iglesia inflorescencias salinas, que son principalmente nitratos, y entonces utilizo bacterias desnitrificantes, bacterias que son capaces de transformar los nitratos en nitrógeno. Para crecer les doy otro medio de cultivo que les obliga a comer nitratos. Con esta fórmula las bacterias hacen su trabajo en tres horas. No estamos usando productos químico tóxicos ni medios físico químico o mecánicos agresivos. La alternativa es un restaurador con un bisturí retirándolo. Y hay que tener en cuenta que la bóveda de la iglesia de los Santos Juanes tiene casi 500 metros cuadrados”.
La inauguración de la rehabilitación de la iglesia de los Santos Juanes será la puesta de largo de la técnica desarrollada por Pilar Bosch, pero sistemas similares prometen futuras intervenciones. En Valencia se ha aplicado la misma técnica en algunos lunetos de la iglesia de San Nicolás que también se arrancaron con cola de conejo.
El equipo de Pilar Bosch ha hecho pruebas de biolimpieza en los puentes de Serranos y de la Trinidad para combatir inflorescencias salinas, lo mismo que en Santiago de Compostela.
“En estos momentos”, cuenta, “desarrollamos un proyecto que finanza el ministerio para buscar bacterias capaces de limpiar grafitis y resinas. Estamos en una fase preliminar. El grafiti es muy complejo. Su constitución tiene diferentes resinas, pigmentos, aditivos… Entre las resinas las hay acrílicas, metrocelulósicas, hay una gran variedad. Tenemos que encontrar el microorganismo capaz de degradar esas sustancias, que no sea patógeno y que no exporule, que no genere esporas para evitar que puedan reproducirse más adelante”.
Otros investigadores le han abierto camino: “Hay mucha bibliografía sobre microorganismos capaces de degradar diferentes productos”.
“Hubo una época en la que usaba mucho una resina que se llama paraloid, pero con el tiempo amarillea”, sigue, “hemos encontrado bacterias en el paraloid que cultivamos ahora porque ya sabemos que son buenas para eliminar esa capa”.
Y explica que “en Italia se usan estos sistemas de biolimpieza para quitar costras negras en los monumentos, costras que se forman por la contaminación, los sulfatos del ambiente. Se usan bacterias capaces de degradar los sulfatos pero tienen que trabajar varios días”.
Su equipo trabaja ahora con productos elaborados para proteger monumentos a la intemperie y la Ciudad Politécnica de la Innovación le permite acudir a un laboratorio químico próximo donde le suministran nanopartículas como el que le pide azúcar al vecino.
“La posibilidad de restaurar lienzos de Goya se complica porque los pigmentos pueden ser nocivos para las bacterias”, añade.
El público no acaba de asimilar las virtudes de las bacterias, la gente piensa que son nocivas, “por eso me gusta recordar lo saludables que pueden ser los probióticos”, concluye.